
No sé en qué momento exacto comenzamos a formar parte de la vida del otro. Nos volvíamos tangibles a través de los detalles que cruzaban el cielo y desde la distancia, cultivaban un amor capaz de superarla.

Noviembre 2025 · 03 / 13

No sé en qué momento exacto comenzamos a formar parte de la vida del otro. Nos volvíamos tangibles a través de los detalles que cruzaban el cielo y desde la distancia, cultivaban un amor capaz de superarla.

Cuando llegó noviembre, apenas habían pasado dos meses desde que nos conocimos. Conectada siempre contigo, me mantenía ocupada y te contaba todos mis inventos, que aquél mes sería ser vestuarista.

Noviembre también marcó el estreno de mi serie de selfies favorita: The Locker Room.

Vino tu cumpleaños y te tocó pasarlo de viaje, bien vestido, celebrando a NEA en Medellín.

Yo, desde mi nidito, celebré como pude el hecho de que hubieras nacido y agradecía la fortuna de haberte conocido. A partir de entonces, el 5 de noviembre sería una fecha especial para mí, pues había nacido una persona encantadora que empezaba a ocupar un espacio en mi corazón. Resultaba difícil imaginar que todo aquello todavía pudiera volverse mejor.

No dejamos pasar demasiado tiempo antes de declararnos listos para vernos otra vez. Confirmamos que estaríamos de nuevo frente a frente antes de que se acabara el mes. Así fue como el 17 de noviembre llegué a tus brazos y descubrí tu olor por primera vez.

Comenzamos a llenar de recuerdos el nidito y dejamos que nuestros cuerpos se reconocieran, como lo llevaban haciendo por un par de meses nuestras almas.

Conociste los colores de mis días y de las calles de mi barrio.

Me hacía feliz verte dentro de los lugares desde donde transcurría mi cotidianidad.

Hiciste tuyas mis rutinas y descubrimos lo fácil que nos resultaba habitar la compañía del otro.

También comprobaste por ti mismo que aquel sándwich de pastrami del que tanto te hablaba no estaba overrated. Así comenzó nuestra serie de aventuras gastronómicas.

La llegada del niño cósmico a la Isla no podía pasar inadvertida ante la comunidad intergaláctica, así que emprendimos la ruta extraterrestre en busca de la bendición de nuestros vecinos universales.

Nos adentramos en la noche oscura buscando señales alienígenas, pero el clima nos traicionó y las nubes bloquearon la señal.

Nos marchamos con la impresión de no haber logrado establecer contacto, aunque conseguimos unas fotos increíbles como evidencia de la expedición.

Aquella misma noche, al llegar a la guarida que nos recibiría, Sirius nos saludaba desde la distancia. Brillaba con tanta fuerza hacia el balcón que parecía que alguien lo había acomodado en el cielo para iluminar nuestro amor. Y allí, bajo la bendición de su luz, otra vez nos amamos.

Tu visita coincidió con el cumpleaños de nuestro amado amigo y matchmaker, Fernando. Aunque en ese momento no lo sabíamos, su celebración fue apenas un preámbulo de los muchos días mágicos que llegaríamos a compartir en Puerto Rico.

Así, entre amor, magia y arepas, transcurrieron nuestros primeros días juntos.

Cuando regresaste a casa, tu familia te esperaba con una sorpresa y hubo fiesta para celebrar tus 40.

Te veías resplandeciente y fue hermoso verte rodeado de tanto amor. Esta vez ya había empezado a entender las razones por las que eras un hombre tan amado.