
Abril fue de más suerte y muy lindo, como suele serlo la primavera. Regresaste a Puerto Rico y esta vez tu visita tuvo un significado especial para mí porque conociste a Miranda. También tuvimos nuestro primer enfrentamiento deportivo en el Arcade.

Abril 2026 · 08 / 13

Abril fue de más suerte y muy lindo, como suele serlo la primavera. Regresaste a Puerto Rico y esta vez tu visita tuvo un significado especial para mí porque conociste a Miranda. También tuvimos nuestro primer enfrentamiento deportivo en el Arcade.

Se nos ocurrió que era buena idea el baloncesto y te llevé a tu primer juego de la liga nacional, iniciándote como fanático de los Cangrejeros de Santurce.

Durante los días que pasaste conmigo surgió un viajecito de trabajo. Nos bendijo el Universo y pudiste cumplir con tu compromiso y luego volver a mí.

A tu regreso nos esperaban días de playa y aventura.

Tuvimos nuestro propio Spring Break y nos escapamos a pasar un fin de semana en el este de la isla.

Esta aventura incluyó recorrer una vereda en busca de la Playa Escondida.

Allí, rodeados de mucha luz, encontramos un atardecer para recordar.

Al día siguiente, subimos a la montaña para contemplar desde la distancia la costa que nos había acogido apenas un día antes.

Entre picos y ruinas pasamos otra tarde hermosa las que guardaríamos en la memoria del corazón.

Durante aquellos días tampoco faltaron nuestras exploraciones gastronómicas. Esta vez le tocó a Piñones, que nos recibió con alcapurrias y piña colada.

Fue en aquella visita cuando descubriste las aceitunas fritas de La Santurcina y tu validación reafirmó mi sueño de seguir aprendiendo contigo de pizzología y cualquier comida.

Declaramos abril el mes de nacimiento del vampigatipingüinismo. Fueron días perfectos que no hicieron más sencillo extrañarte cuando te fuiste.

Pero esta vez, al niño oracular le tocaba viajar a México para recargar sus energías cósmicas…

Así que partiste rumbo al Art Retreat para llenar tus días de contemplación, inspiración y creatividad.

Aunque te eché de menos desde el primer segundo de tu partida, regresé a la normalidad y continué enviándote amor desde cualquier esquina donde me encontrara.

Con las fotitos de tus vivencias y las historias que me contabas, me mantenías conectada a todo lo que estabas experimentando.

Mientras tanto, desde mi jardincito urbano, vertía sobre la tierra todo el amor que no podía entregarte a ti personalmente.