
Cuando llegó el mes siguiente, seguían creciendo las razones para querernos y así con febrero, apareció una nueva excusa para celebrarnos.

Febrero 2026 · 06 / 13

Cuando llegó el mes siguiente, seguían creciendo las razones para querernos y así con febrero, apareció una nueva excusa para celebrarnos.

Nos tocó pasar el Día del Amor lejos, pero no menos enamorados. Cayeron flores del cielo y, como bien sabes hacer, te las ingeniaste para hacerme sentir profundamente amada.

Se acercaba mi cumpleaños y no podía imaginar una celebración que no te incluyera. Así que viajé hasta ti y la felicidad tomó la forma de un gorrito de invierno.

Fue así como, en la víspera de una tormenta de nieve, conocí tu barrio y caminé por las calles donde habían ocurrido tantas de las historias que me contabas sobre tu vida.

Gracias a aquella visita también llegó el momento tan esperado y por fin pude jugar con Skylan.

Me tomó un ratito ganarme su interés, pero para cuando llegó la hora de irnos, ya éramos buenos amigos.

Fue valioso para mí conocer a tus seres amados y acercarme a esa parte de ti. Nathalia y Elliot se sumaron a la diversión y construimos nuestro primer recuerdo juntos.

Aquella noche, la tormenta nos atrapó mientras yo intentaba sobrevivir un flu. Por suerte, tenía los brazos de un niño refugio, los que ya para esta fecha eran mi lugar favorito del mundo.

Y también al mejor enfermero con el que podía contar.

Ni la nieve ni la enfermedad fueron suficientes para detener nuestras aventuras.

Aunque conté con los zapatos incorrectos, caminamos por la ciudad y exploramos NYC por primera vez juntos. Éramos tú, yo y el gorrito blanco contra el mundo.

Comencé a conocer a más personas de tu círculo y a volverme real en tu lado del mundo.

Como siempre que estoy contigo, logramos hacer caber mucha, mucha, mucha felicidad en lo que tuvimos de tiempo.

Quedó documentado gracias a Sean, a quien conocí el día de celebrar mi cumpleaños y nos tomó las mejores fotos que nos han tomado hasta hoy.

En cuestión de un par de minutos quedaron registradas risas gigantes, de esas que solo pueden nacer de la verdadera alegría.

También quedaron allí todos los besos y abrazos que pudimos hacer caber en la sesión.

Durante la celebración descubrimos el que, hasta la fecha, es nuestro desayuno favorito en Brooklyn y comenzamos el día compartiendo bread pudding de La Cantine.

La noche de mi cumple #37 terminó aprendiendo una nueva versión de la canción de cumpleaños. La que amé porque consiguió extender la celebración contigo cinco minutos más antes de que se apagaran las velitas.

Al terminar el día, acatarrada, con frío y varada en Nueva York, estaba exactamente donde quería estar.

Llegó el día de partir y pasamos la mañana refugiados en el estudio de Sean. Sabíamos que pronto tendríamos que despedirnos, así que esperamos la hora cerquita y serenos.

Esa tarde, me acompañaste al aeropuerto. Como nunca hemos sabido desperdiciar un solo segundo del tiempo que compartimos, ocupamos el lobby del TWA para ver dragones furiosos mientras llegaba la hora de abordar.